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Cuando nos pusimos la Roja

13/07/2018 04:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

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La derrota ante Rusia no solo fue dolorosa por la insultante superioridad sobre el papel de la selección española sobre la selección rusa, sino porque desde 2010 se aspira siempre a ganarlo todo.

El fracaso de la roja abre el melón ¿Fin de época? Ríos de tinta corren en las redacciones de los principales periódicos del país para explicar lo inexplicable. Sin embargo, lo más sorprendente es advertir la diferencia de criterios a la hora de analizar por qué perdimos. Un consenso: la ausencia de alma e identidad de la selección española. Un disenso: atacar o no atacar al tiqui-taca, para defender una vuelta o no al concepto de furia española. Un silencio: el papel de Florentino Pérez y la desestabilización desde la prensa por una decisión de despachos con muchos intereses detrás, de los que viven los principales medios de este país.

La designación de Luis Enrique como nuevo seleccionador también ha creado estragos en amplias capas del establishment mediático: desde Madrid se mira con recelo que un "antimadridista" defensor de un estilo y de una apuesta propia de juego pueda dirigir la selección. Mensaje a Florentino desde la Federación y nuevo cambio que permite hacer seguir girando la rueda.

Emerge, tras la apariencia del debate futbolístico, el debate sobre el modelo de país. Fútbol es Política y Francia nos enseñó la importancia de disputar el relato político sobre las selecciones de fútbol, que configura identidades colectivas, representatividad y afectos.

Politizar y ganar el relato de la selección española: el ejemplo francés

La selección francesa siempre ha sido un eje de polarización política muy potente, capaz de moldear imaginarios colectivos y dibujar mapas en los que la sociedad francesa debía posicionarse obligatoriamente. La incorporación de una mayoría de jugadores con origen africano y árabe en el equipo titular provocó la reacción de la extrema derecha de Le Pen. Desde 1996, Le Pen padre se opuso fervientemente al modelo y a la filosofía que inspiró a una selección que también conquistó la cima del mundo.

Desde entonces, la selección francesa siempre ha estado bajo la lupa de las elites: cuando ganaba era el éxito del black-blanc-beur, cuando perdía era por culpa de la racaille ("chusma" de barrio, Sarkozy popularizó el término en los disturbios de las banlieues). El componente y potencial republicano de la selección francesa es evidente, un equipo hecho bajo el modelo de integración francés y que hasta fue recibida por Nelson Mandela como símbolo antirracista. Un equipo que polariza en lo político con el modelo del Frente Nacional, al que le gustaría un equipo de futbolistas blancos de clase media en vez de negros y árabes de los suburbios.

España no es Francia y por eso las consecuencias políticas, emocionales, sociales y afectivas del gol de Iniesta han pasado bastante desapercibidas para la mayoría de los analistas. Y esto no deja de ser sorprendente, ya que aquella legendaria prórroga contra Holanda fue la emisión más vista de la historia de la televisión española: 15, 6 millones de espectadores y un 85, 9% de share. Hablar de hegemonía con estos números se queda corto. Cuando el único símbolo nacional de una nación tardía ?y fallida? como la española es su selección de fútbol lo que está claro es que hay que disputar el relato sobre lo que esa selección significa para la gente.

La "Furia española": marca y modelo de la derecha

La derecha nunca sintió como propios los valores y la filosofía de juego de la España del tiqui-taca. En su concepción del fútbol y de la política, la derecha siempre ha apostado por la España de la furia, la de Hierro, Kiko y Clemente. Una España dura, agresiva, vertical, que renuncia al toque para ir al choque. Una España que encaja a la perfección con la idea unitaria, mesetaria y autoritaria de la derecha. Una España hecha y dirigida desde Madrid que no acepta que otros polos de poder puedan equilibrar el conjunto del territorio.

Luis Aragonés, la meritocracia, el tiqui-taca y la concreción de la España democrática y plurinacional

La selección española de 2010 estaba conformada por una mayoría de jugadores catalanes o criados en la cantera del Barça. Era un equipo con un marcado sello catalán que le imprimía al juego una filosofía distinta a la que había imperado hasta el momento. Un equipo diseñado por Luis Aragonés que, tras el mundial de 2006, revolucionó la concepción del juego. También revolucionó los valores: jugaban los mejores, había una meritocracia interna y se hacía abstracción del papel de la prensa. Una prensa obsesionada en la presión a los distintos seleccionadores para imponerles un criterio propio que, muchas veces, viene marcado por intereses comerciales y de otros polos de poder que utilizan el fútbol como palanca de promoción y ocupación de mercados.

En aquella selección ya no hay verticalidad, juego duro y choque. Hay horizontalidad con un juego de pases rápido, eléctrico: elegancia y toque. Se mima y se doma al balón en vez de maltratarlo con continuados patadones arriba y la totalidad del equipo refleja una colaboración y cooperación en el conjunto de acciones del juego que responde a una idea particular de lo colectivo y de comunidad. Tres cosas de aquel equipo: el peso del Barça (Catalunya, descentralización), la cooperación (juego sencillo y alegre al toque) y la meritocracia (salen los mejores). Todo ello envuelto por el irrepetible liderazgo de Luis Aragonés.

El gol de Iniesta: un gol generacional que dio alas al 15M

El gol de Iniesta y el 15M son dos acontecimientos que mantienen un vínculo mucho más estrecho de lo que podríamos llegar a creer en un primer momento, aunque sea un vínculo invisible a la simple mirada. Cuando marcó Iniesta, las principales plazas del país fueron tomadas espontáneamente por la gente. La alegría inundó un país que empezaba a estar seriamente tocado. Un país en el que muchas veces hemos sido condenados a la resignación, a no poder levantar cabeza, a estar siempre mirando hacia el norte como si fuéramos su vasallo, el alumno inocente y obediente pero que saca malas notas y le cuesta horrores progresar.

La resignación de las antiguas generaciones se transmitió a las nuevas y siempre se nos prometió derrotas. Carácter de perdedor que se recrea y se da golpes en el pecho cada vez que fracasamos. Todo esto cambió para siempre el 11 de julio del 2010. El fútbol nos dio la certeza de que España no tenía que arrodillarse ni ante Alemania ni ante nadie. De que había esperanza e ilusión en la victoria, de que podemos ser un país ganador. Este espíritu que ha penetrado poderosamente en las nuevas generaciones ?las nacidas desde el 80 en adelante? ha sido clave para el surgimiento de un nuevo sentido de época.

En España no podemos eludir ni esquivar el debate sobre el relato de nuestra selección. Estos días hemos vuelto a vivir una feroz discusión pública sobre el estilo de juego de España. Detrás de este debate se esconde el modelo de país que queremos. La prensa de Madrid ha puesto su diana en el tiqui-taca para defender una vuelta a la furia española, a los jugadores con garra, mal encarados y que prefieren la patada al juego de toque. Puede que sea el momento de salir en defensa de esa España que acepta al diferente, que quiere hacerse fuerte desde su diversidad, el respeto y la cooperación entre sus gentes. Una España, en definitiva, que recoja aquellos elementos de la selección que ganaba seduciendo y nos representaba: su carácter plurinacional (descentralizar), su dimensión cooperativa con la alegría y sencillez de su juego al toque (popular), la meritocracia y su vocación inequívoca de victoria (espíritu de Luis Aragonés).

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Alejandro Pérez Polo es politólogo. Máster en Filosofía Política y Postgrado en Economía. Miembro de Podemos.


Sobre esta noticia

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Criticic (2156 noticias)
Fuente:
ctxt.es
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Reportaje
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