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Desafueros, en un gobierno que no es bolivariano, menos socialista, alquimia de un sueño

24/08/2019 06:31 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El caos de un Estado, por la desidia de un grupo de ciudadanos despegados del sentimiento patrio

Aventis

El tiempo es previsible y no se pasa en vano, es necesario organizarse y planificar para tener la oportunidad de prever un mundo contextual que se movilice en la conciliación para definir las batallas por venir, lamentablemente el Psuv lo ha perdido todo, lo digo como hombre de izquierda, comenzando todo cuando el propio presidente, Nicolás Maduro Moros se la invento con Vamos Venezuela para extraviarse de su compañero de comparsa, Diosdado Cabello Rondón. En consecuencia, estos deslindes entre la cúpula partidista genero hambre entre el pueblo por gravedades en el sistema económico tradicional, que no ha variado en nada desde la época del General Juan Vicente Gómez, quién tenía a Venezuela como su hacienda en particular. Hoy, nos alimentamos de migajas que quedan tras las batallas inútiles de la oposición, que más que políticos, son empresarios que quebrantan el orden jurisdiccional del Estado Bolivariano de Venezuela.

Todo, lamentablemente se convierte en una pesadilla y anécdota. Pero siempre, es un adverbio imposible —memento mori— y las sombras son el mejor lugar para el rearme. No hay nada como perderlo todo para saber que no hay nada que perder. En el colegio nos mandaban al cuarto de pensar, un lugar en el que gastábamos el tiempo que ahora creemos que podemos ahorrar. Pero el tiempo no se conjuga en transitivo, y hay sujetos —talento, por ejemplo— con los que ocurre lo mismo. No se puede desperdiciar y menos en tiempos de mudanza. El pueblo exige cambio, lo más profundo posible. Los otros, prefieren asumir la coyuntura tomando un taburete y mesón para colocarse en cualquier esquina y manipular al pueblo en mercancías, vendiendo en dólares, como sí fuesen gringos, cuando en realidad son venezolanos, siendo nuestra moneda el bolívar soberano.

Desearía, encontrar argumentos, a ver una verdad que funcione sobre la dialéctica, hay que encarar el futuro., obviar las fortalezas e iniciar el trabajo desde las bases de las comunidades, una integración social, que no es exclusividad de los militares, quienes han fracasado en América Latina por su despotismo. Es una convergencia de personajes que deben emerger para hablar sobre la verdad y evitar la tragedia humana por venir. Es un acicate, hay que remover hasta el archivo más resguardado en alguna oficina pública, por razones que se desconocen allí lucen como desconocidos ante una realidad permanente.

Las comunidades, tenemos la epidermis agrietada y, hemos dicho como gritado que se detengan con esta erosión económica, es una necesidad hacer una convergencia para fortalecer el futuro, un mañana que no está lejano.

El cambio es necesario, no somos falangistas, pero sí conocemos la realidad, esta melcocha de argumentos que se inventaron es una portalada para seguir en el poder.  Aquí, no es un canon de belleza que sale de un muro de hormigón para confundir el lugar, es decir nuestra verdad geopolítica y territorial, hay que liquidar y despedir de un solo plumazo a quienes traicionaron su ideal de servicio y expusieron a un partido al lengüeteo de las colas, simplemente por ser malos administradores de un Estado.

Al socialismo se le da como dios reescribir los acontecimientos; incluso, cuando gana, como esa vez que hizo de mayordomo del Estado en la batalla desigual que perdió Falcón. Los ejecutores del ataque quieren blanquear el capítulo más negro de la historia reciente de Venezuela. Que no fue Chávez Frías; el gatillo lo apretó Maduro; Nicolás, y un puñado de sicarios, colectivos, capitanes, sargentos y furrieles, según, que aún marcan por ahí las esquinas en plan machos alfa del quitamanchas de los barrios, comisarios políticos que llevan dentro. Emplearon tanto ardor en defender al país, como ahora en mantener el poder de Maduro en Venezuela. Qué cabrona, la hemeroteca. Por eso vuelven a la carga, a redimirse; de la culpa, de la vergüenza, del dedo, del murmullo, del ése, ése fue uno de los que ahogó la estirpe del pueblo, bajo una losa, para siempre. Qué salvajada.

Lo menos que exigen las sociedades democráticas y socialistas es respeto; dignidad, para las víctimas que dejaron por el camino; para los purgados, para los que murieron de pena, según definió uno de los niños que se han ido por no tener medicamentos, sobre el silencio que sucede a los embalses, a las plantas eléctricas, en un documental que honra a las víctimas, Nombradlos y no habrán muerto.  Ya nos olvidamos de ellos. Ni en la tumba, que, a veces, cuando el verano retira la lápida, deja ver a Lázaro entre los sillares del viejo cementerio  de Puerto Cabello; donde cantan afónicas de angustia las sirenas del malecón al escuchar el sonido de los barcos entrando al muelle.

 

Los veo siempre cuando llego de trabajar. Los veo a medio día y por la noche, otra vez, algunas veces, muchas, puede que en ocasiones sea el recuerdo el que me lleva a pensar que ese día, también, los acabo de ver. Los veo en invierno y verano, siempre, los veo siempre fuera, a la entrada, como los grupos de árabes que se sientan a la puerta de esos cafés hueros de vida en los que el rastro de la mujer sólo se ve en la huella que su ausencia ha horadado en la ruina de los hombres.

Vivir sobre un piso falso

Son flojos, no quieren trabajar, pasan el día sentados, hablando bien o mal de Maduro, solo esperando la llegada de un bono, que ignorancia, después quieren irse al Sur a causar problemas en otros países en calidad de inmigrantes.

Me imagino los decorados en los que estarán sus mujeres, el escenario que compartirán con sus novias, sus madres, a veces, también, pienso en los breves momentos con sus hijos, aunque otras, otras veces, cada vez que los veo, creo que no, que cuando algo es demasiado obvio es porque en realidad lo es, obvio, elemental, demasiado corriente como para delatarse en otros matices, excesivamente evidente como para ser destilado en emociones que no les corresponden. En las reuniones comunales, son unos loritos y desean administrar los CLAPS, bombonas de gas y jornadas, después es el lamento vecinal, pero nadie habla, el robo es eminente.

No, en ocasiones, cuando los veo, pienso que la realidad no es como yo quiero que sea, que hay desnudos que no son el prólogo para nada más, que la realidad es tan burda como lo que tus ojos te muestran. Una vez, incluso, cuando me iba acercando al árbol que se abre a Luis Arroyo Álvarez, me acordé de la novela de Tahar Ben Jelloun, L’enfant de sable, ese poema sobre la identidad, y pensé en los mágicos algoritmos que la mente es capaz de crear cuando la liberas de la razón. Fue un momento. Luego, ellos, otra vez. Son una sombra de la desidia.

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En la película Después de tantos años, Michi Panero decía que la memoria te recuerda cada día que te estás muriendo. Con los Panero ocurre como con Aureliano Buendía y nunca somos capaces de saber si ya formaban parte de la leyenda o seguían vivos. Hasta ayer, porque con la inhumación de las cenizas de Leopoldo María el tiempo incontable de la eternidad ha terminado. La estirpe del tótem, el padre con una imagen dictatorial  y alcohólico, se cerró cuando los familiares del último poeta de la saga lograron acabar con el purgatorio legal en el que un juez había encerrado las cenizas del último superviviente. No sabemos si la ceremonia del adiós, un responso religioso en la iglesia de Santa Marta, ha sido un intento de conseguirle el pasaporte hacia la salvación —él, que escribió que para ser hombre es preciso negar a Dios— o si en sus últimos retazos de cordura, Leopoldo María clarificó que en realidad sus versos blasfemos revelaban la búsqueda de lo sagrado.

Estos quieren perdurar y olvidan que deben irse.

La destrucción fue su Beatriz, en una persecución de la nada que fue ejercitando desde su ingreso en el psiquiátrico de Mondragón y que ya nunca abandonó. Su rostro se parecía cada vez más al de Artaud, el poeta hermano — me autodestruyo para saber que soy yo y no todos vosotros— y, como dijo Túa Blesa cuando se publicó Rosa enferma, su libro póstumo, ese por el que un grupo de burócratas de la nada le negó el González de Lama, «ha muerto por fin, por fin se ha convertido en puro texto». Tras una vida dedicada a una resurrección sin fin, Leopoldo María Panero murió ayer de manera definitiva. Le han enterrado en Astorga, la ciudad en la que se inició en el malditismo y la locura, el lugar que se convirtió en su Circe, el lugar del que huyó para no vivir para siempre.

 

En la primera escena de El desencanto,  la figura del padre trata de desembarazarse de la sábana que le impide moverse mientras Felicidad Blanc espera, con desdén, que la leyenda comience a desmoronarse...

El conflicto por la falta de abastecimiento de agua, luz, comida y medicamentos, retorna   a los pueblos de la provincia porque de nuevo toca año de necesidad. Tras unos años de bonanza lamentablemente las cosas han vuelto a la situación que se prevé que se convertirá en la habitual en las próximas décadas puesto que los estudios auguran que el agua será cada vez más escasa, con unas precipitaciones a la baja y una desertización creciente en el Planeta como consecuencia del ya innegable cambio climático. Esa es la excusa, para seguir en su cambalache

 

 

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Autor:
Emiro Vera Suárez (1217 noticias)
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