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La doctora Luisa González: "La pandemia ha descubierto carencias de un sistema sanitario que creíamos indestructible"

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25/02/2021 23:13 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

En sus cien años de vida, la presidencia de la Organización Médica Colegial (OMC) siempre ha estado ocupada por hombres. Es más. A lo largo de este siglo ninguna mujer se había postulado para el puesto. Hasta ahora. La doctora Luisa González, anestesista en el Hospital Puerta de Hierro, aspira a seguir haciendo historia este sábado.

La también vicepresidenta del Colegio Oficial de Médicos de Madrid compite con tres candidatos. El ganador saldrá de una votación a la que están llamados los presidentes de los 52 colegios provinciales que integran la OMC.

Aún es noticia que una mujer se presente a presidir una entidad como la Organización Médica Colegial. No debería serlo y no me presenté por ese motivo. Me enteré de que era la primera después de entregar los papeles en el registro de la OMC y ver que todos los cuadros eran de hombres. Me dijeron que ni siquiera ninguna lo había intentado en estos cien años.

¿Por qué cree que ninguna compañera se ha animado? De los 52 presidentes que votan el sábado, uno por provincia, 48 son varones y 4, mujeres. En los puestos de la medicina donde se toman las decisiones no hay mujeres y sin embargo son más del 70% en las aulas y el 65% en la práctica médica. Hay un techo de cristal y creo que la mujer tiene cualidades para integrar la diversidad que pueden aportar mucho. No pienso que seamos mejores que los hombres. Somos complementarios.

¿Qué otros aspectos la diferencian de sus tres rivales? Soy el primer médico que trae un proyecto desde fuera sin conocer muy bien cómo funciona la estructura interna pero que sí conoce la situación actual de la medicina porque está en la arena todos los días y tiene idea de las cosas que hay que cambiar. No empecé a formar parte de un colegio hasta que entré en el de Madrid en octubre.

¿Cómo es esa situación actual de la medicina? La pandemia lo ha acentuado todo pero hay muchas circunstancias que vive el médico que no están representadas por la actual OMC, que tiene una composición muy endogámica. La medicina ahora mismo tiene una fisonomía joven, femenina, súper especializada y altamente tecnificada.

¿Cuáles son los aspectos principales que quiere cambiar? Un problema que tenemos es la escasez de tiempo para cada enfermo. La relación entre médico y paciente tiene que ser de confianza. La persona pone su vida en tus manos y no la puedes despachar en cinco minutos. Si mejoramos los tiempos de dedicación gana el paciente.

¿Qué otros objetivos se ha marcado? Cuestiones sobre la dignidad de la profesión, que la hemos ido dejando por el camino. Y sigue habiendo una gran precariedad. No solo en salario, que también, porque debe ir en consonancia con nuestra responsabilidad, y no es tanto que hagan falta médicos, que también. Lo que hace falta es autogestión, que la Administración delegue en la dirección médica, porque seríamos capaces de sacar mayor rendimiento al tiempo. El criterio económico ha ido creciendo y el médico ha ido diluyéndose y deben ser iguales. Digo iguales porque el sistema tiene que ser sostenible. Si queremos medicina pública, que la queremos, para ser sostenible tiene que haber eficiencia. No podemos ser ingenuos. Pero el criterio médico se ha ido quedando por debajo. Cuando hablo de prestigiar la profesión hablo de eso.

Ha declarado que necesitan ponerse a la altura del reconocimiento que tienen los médicos en Europa. ¿En España no lo han tenido? Ha empezado ahora y es muy bonito porque ha nacido desde los enfermos. La gente nos llama héroes pero no creo que lo seamos. Hemos hecho nuestro trabajo. Pero tenemos que mirar a Europa donde hay un reconocimiento salarial mucho mejor y modelos de autogestión y flexibilización laboral para favorecer la conciliación que podemos imitar. Aquí no se contempla tiempo para formación, docencia ni investigación. Se hace fuera de la jornada. Si los colegios, los sindicatos, las universidades, las sociedades científicas... vamos de la mano es más fácil ponernos donde tenemos que estar porque el bien del enfermo depende de ello. Y no es una utopía.

Usted es madre de seis hijos. ¿Le ha sido posible conciliar? ¿Ha tenido que sacrificar demasiadas cosas? He luchado mucho, con mucho esfuerzo y también mucho amor por la profesión. Y en mi caso ha sido posible porque mi marido ha estado al 100% conmigo. Esta es mi clave: la corresponsabilidad. Yo he tenido éxito porque a él mi desarrollo profesional le ha importado lo mismo que a mí o incluso más. Y yo también le he apoyado.

La endocrinóloga Carme Valls publicó el libro 'Mujeres invisibles para la medicina'. ¿Comparte usted que se ha tendido a estigmatizar a las mujeres también como pacientes? Yo no lo he sentido como paciente ni como médico pero soy consciente de que algo de eso hay. Existen además otras formas de discriminación. Hay varios aspectos en la medicina muy necesarios desde el punto de vista social y que tienen un infradesarrollo. Entre ellos está la atención primaria en penitenciarías. También la medicina del dolor. Hay una prevalencia muy grande de pacientes con dolor crónico y las unidades son pocas y pequeñas y no existe especialidad en sí misma ni se enseña en las facultades. El de los cuidados paliativos es otro de esos campos. Somos el país número 34 de Europa en su desarrollo. No hay un plan nacional. Los enfermos en España se mueren con dolor y en malas condiciones. Y eso no se puede consentir.

¿Cuál es su postura sobre la ley de la eutanasia? La misma persona no puede matarte y curarte. Quizás pueda haber una profesión que pueda practicarla pero el médico no. Tú estás administrado una medicación que sabes que a ese paciente que está ya muy debilitado y muy crítico puede que le lleve a la muerte pero se la estás administrando para aliviar. Esa diferencia de intención, si la administro para aliviar o para matar, es una línea muy fina que nosotros no podemos traspasar por nuestro compromiso con los enfermos.

También existe controversia sobre si debe ser obligatoria la vacunación, por ejemplo en casos de pandemia como el actual. Galicia va a multar a quien no quiera hacerlo. ¿Es partidaria de medidas como esa? En general no estoy a favor de que se obligue a nada. Me parece que una de las cosas más importantes de la vida es la libertad personal. Creo que frente a posturas que puedan no desear la vacunación, el camino es la información y la educación. Si no queremos cuarta o quinta oleada tenemos que vacunar a más del 70% de la población. Este virus no nos deja otra opción. Es una cuestión de solidaridad social.

¿Cómo valora la gestión de esta crisis sanitaria? Siempre soy optimista y me quedo con lo que hemos aprendido, que es mucho: a comunicarnos entre especialidades, y es algo que va a quedar; sobre seguridad para el paciente y el profesional y que proteger nuestra salud física y mental es fundamental... La pandemia nos ha hecho ver la necesidad de mejorar. Se han puesto al descubierto carencias de un sistema sanitario que creíamos indestructible. Esto no ha acabado y toca aplicar lo que hemos aprendido. Y hay que transmitir mensajes que no sean ambiguos y ayuden a la población a ser responsable.

¿Ha habido mucha confusión en ese sentido? Sí, y se pierde credibilidad. Ha habido un gran fallo y ha sido que el Gobierno no haya tirado de un comité de expertos en Covid para dar recomendaciones basadas en la evidencia científica. Nosotros al llegar a este colegio montamos uno y lo pusimos a disposición de la Consejería de Sanidad y del Ministerio. Hacemos nuestras recomendaciones, se las mandamos y creo que se leen pero eso tenía que haberse organizado desde la Administración.

¿Lo ha pasado muy mal este último año? En la primera ola pasé miedo, de contagiarme y de contagiar a mi familia, porque no podíamos protegernos bien. Lloré por miedo al contagio y a la muerte. Y después hubo una cosa que me dolió muchísimo y fue que, dentro de la misma Comunidad de Madrid, si estabas en un área sanitaria del sur tenías menos posibilidad de acceso a un respirador que si estabas en otra zona porque se saturaron antes. Tenía que haberse creado un cuadro de mandos y haberse organizado una transferencia de pacientes. No garantizar la igualdad de acceso a los tratamientos fue otro fallo muy grande. Yo creo en ella porque todos los pacientes son igual de importantes.


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