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'Emocionarte', el libro que cuenta lo que ocurre dentro de los cuadros

17/12/2020 23:33 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Cuando alguien se detiene delante de un cuadro pueden pasar, en lo esencial, dos cosas. Una es sencilla: nada. La pintura no le transmite ninguna impresión y pasa al siguiente. Pero es muy posible que quien mira el lienzo experimente algo: sienta curiosidad, emoción, placer, dulzura, desagrado, respeto. Lo que sea. Eso es justamente lo que pretendía el pintor. Y hasta es posible que el espectador se pregunte qué hay allí, por qué esos colores, quién es esa gente y qué hace, qué está pasando... Y ahí entra en juego la imaginación de cada uno. Ese es el milagro del arte.

Eso es exactamente lo que ha hecho el periodista cultural Carlos del Amor (Murcia, 1974) en este libro cuyo título no deja lugar a dudas: Emocionarte. La doble vida de los cuadros (Espasa). Ha elegido 35 pinturas de épocas y autores muy diferentes y se ha puesto a imaginar. A ver qué le pasaba, qué sentía. Y de cada uno de ellos ha sacado una historia completamente personal, un diálogo, una escena. Como dice el título: una emoción. Algo que es por completo individual, porque cada uno de nosotros imaginaría, sin duda, cosas diferentes.

Pero no se ha quedado ahí. Después de la imaginación llega la investigación: Carlos del Amor traza una rayita en la página y luego explica, con todo detalle y con todo rigor, de dónde salió el cuadro, quién lo hizo y por qué, cuáles son los secretos que encierra. Él lo dice: "Hay cuadros que nos gustan o no nos gustan y hay cuadros que nos pueden gustar después de comprenderlos, porque alguien nos los descifra, o bien construimos nosotros mismos su propia historia".

Algo muy importante: no se ha ido a las grandes obras maestras que todo el mundo conoce, como Las Meninas o La Gioconda . Ha elegido obras menos populares, pero con un irresistible poder de sugerencia. Así nos enteramos de que esa casa solitaria, desolada en medio del vacío que pintó Edward Hopper en 1925, fue reconstruida, cuarenta años después, por Alfred Hitchcock, y es allí donde se rodó el terror de la película Psicosis : tenía que ser aquella casa y ninguna otra.

Así descubrimos cómo un chaval de 19 años, sevillano, que se llamaba Diego Velázquez, logró pintar el momento justo en que la clara comienza a volverse blanca en una de sus primeras obras, Vieja friendo huevos : ni un momento antes ni un momento después. Así escuchamos la voz de una anciana ciega, Sofonisba Anguissola, mientras charla con otro muchacho, nada menos que Anton van Dyck, que la está dibujando; Anguissola, grandísima pintora que habría sido una de las más célebres de la historia... si no hubiese sido mujer, lo cual en el siglo XVII la destinaba al grupo de las excéntricas, no de las artistas.

Ahora sabemos qué estaba pensando la pobre mujer que tiene los ojos fijos en ninguna parte en El vagón de tercera , obra del que seguramente fue el mejor caricaturista del siglo XIX, Honoré Daumier. Ahora sabemos por qué Van Gogh, cuando ingresaba ?voluntariamente? en el manicomio, copió un grabado de Gustave Doré para pintarse a sí mismo en una terrible fila de presos que dan vueltas y vueltas en un pequeño patio. O cómo Antonio López busca exactamente una luz, una sola, que se produce muy pocos días al año y a horas exactas, para pintar "la vida", como dice él, en su Madrid desde Torres Blancas; por eso tarda años y años en terminar los cuadros.

Descubrimos que hay muchas más mujeres pintoras de las que quizá imaginábamos, y nos enteramos de cómo fue la vida de María Blanchard, de Clara Peeters, de Rosa Bonheur, de Suzanne Valadon: grandísimas artistas que tuvieron la "desgracia" de nacer mujeres en un mundo dominado por los hombres.

En este libro, que ha obtenido el premio Espasa 2020, averiguamos el tremendo cabreo que se llevó el severo dentista del pintor Grant Wood cuando se vio retratado (maravillosamente) en una de las grandes obras de la pintura estadounidense, Gótico americano . O por qué razón alguien tapó una enorme ballena en una escena de playa que pintó Hendrick van Anthonissen. O por qué Francis Bacon jamás vio con sus ojos el Retrato de Inocencio X , de Velázquez, del que hizo más de 40 versiones. O cómo y por qué pintó Juan Genovés su memorable Abrazo ...

Pero sobre todo aprendemos esto: que los cuadros están vivos y dicen muchas más cosas de las que se aprecian con un solo golpe de vista. Solo hay que detenerse ante ellos un poco más de tiempo. Y soltar la imaginación.


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20minutos.es
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