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Tramo Señalizado. Entrevista a Rosa Palo: Una Columnista entrañable

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25/02/2021 16:22 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

La columnista española de opinión del grupo Vocento Rosa Palo (El Norte de Castilla, La Verdad, etc.) descubre los secretos que debe tener un buen escritor de periódicos

 

                           

 

             Rosa Palo: "Mis columnas solo son una mirada de desconcierto ante lo que nos rodea"

 

                                                    

 

Es una columnista entrañable. Y una mujer entrañable. Es lo que el lector piensa cada vez que acaba de leer uno de sus artículos cada tres días en «A la Última», en la última página de muchos periódicos del grupo Vocento (El Norte de Castilla, La Verdad, Diario Sur, etc.). Y no se equivoca. Rosa Palo (Cartagena, 1969) ha logrado enganchar a incontables lectores por su manera de escribir cercana y divertida, que reflexiona sobre una realidad convulsa que a veces parece sacada de una historia de ficción. Ella sabe que ante todo hay que entretener, y lo consigue con un humor que no obvia la profundidad y la crítica. Rosa es modesta, como todos los grandes, y tiene claro que lo esencial es hacer cada vez mejor su oficio. Y algo bien lo tiene que estar haciendo para que junto con sus compañeras Rosa Belmonte y Alba Carballal, estén escribiendo en el espacio en el que durante tantos años nos regaló sus columnas diarias el maestro Manuel Alcántara. Es curioso lo que dice Rosa. Que sufre baja autoestima y que necesita sentir cerca la espada de Damocles de la entrega del artículo para ponerse a escribir «porque soy muy perezosa», y además sufre «mucho escribiendo». Pero aún así, es una columnista que también afirma sentir pasión por su oficio, y el lector lo nota en cada uno de sus textos. Se ha convertido en una de las firmas referentes de las columnas de opinión de este país –«no me eches ese peso sobre los hombros», dice haciendo gala de nuevo de su modestia–, y con cada nueva entrega enriquece un poco más su trayectoria y la vida de los lectores. Ella es otra prueba de la alta literatura que se está escribiendo en los periódicos. Y además, sí, una mujer entrañable. Una mujer y una escritora entrañables.

 

-Rosa, si te digo que te has convertido en un referente actual de los columnistas de periódico en España, ¿te sonrojas con esa humildad que te caracteriza?

-No me sonrojo, me quedo estupefacta. Sobre todo porque no es cierto. No lo digo por humildad, sino porque pienso que lo que escribo no tiene mayor trascendencia. Y eso está muy bien: ser un referente tiene que ser una responsabilidad muy difícil de llevar. No me eches ese peso sobre los hombros.

-La columna es todo un género periodístico, pero también literario. ¿Qué debe tener todo buen columnista? ¿Cuáles son tus grandes escritores de referencia que tanto te han enseñado?

-Creo que un columnista debe tener una mirada particular sobre las cosas, que no una opinión necesariamente, y cierto sentido del ritmo: lo ideal es enganchar en la primera frase (Apollinaire dijo que los dioses les dan el primer verso a los poetas pero, como apostilló Raúl del Pozo, «a los columnistas no les dan nada») para continuar con un hecho particular que te lleve hasta lo general, o al revés, y acabar con un buen remate.

Por lo que respecta a mis columnistas de referencia, tengo una retahíla. La primera que me descubrió que había un mundo más allá de los sesudos artículos de opinión fue Maruja Torres: tierna, irónica y certera, lo mismo te hablaba de los conflictos del Líbano que de Roci-Hito (fue ella quien bautizó así a la hija de la Jurado). Pero, no sé por qué extraña razón, estaba convencida de que sólo se podía escribir así en la prensa nacional, hasta que leí a Rosa Belmonte en La Verdad y comprobé que, en cualquier sitio, puedes escribir de lo que te dé la gana y mezclar a la Pantoja con Tarkovsky sin complejos, sobre todo si lo haces con la extraordinaria inteligencia con la que lo hace ella. Así que te puedes imaginar que es un subidón compartir columna con Rosa Belmonte y con Alba Carballal (a la que envidio con toda mi alma porque ha escrito Tres maneras de inducir un coma, una novela magnífica) en los diarios del grupo Vocento y, además, ocupando el espacio de Manuel Alcántara, que es la madre (o el padre) del cordero. A partir de ahí, leo con placer y con envidia a partes iguales a Luz Sánchez-Mellado y a Ángeles Caballero, que son deslumbrantes, y también disfruto muchísimo con Manuel Jabois, Millás, Juan Tallón, Manuel de Lorenzo, Rafa Cabeleira, Leila Guerriero (sus Instrucciones son una maravilla), Raúl del Pozo, Enric González, Sergio del Molino, Antonio Agredano, Rubén García Batida, Manuel Madrid... Y con Gistau, claro, al que echamos tanto de menos.

-Tus columnas cada tres días en los periódicos del Grupo Correo (integrado en el Grupo Vocento) son un soplo de aire fresco para los lectores. Analizas la realidad española y del mundo de manera ágil con una pluma y un tono que mezcla amablemente humildad, humor, ironía, piedad y verdad, en unos textos aparentemente 'sigilosos' que no quieren herir, escritos a media voz, pero cuyo mensaje –con su crítica– queda muy claro. Pero sobre todo destaco la amenidad que logras, un asunto que hace que el lector espere impaciente tu próximo artículo porque se divierte con tus reflexiones, y además le haces reflexionar, y destaco también lo entrañables que resultan tus artículos. ¿Te lo pasas tan bien escribiendo, estás tan cómoda delante de la hoja en blanco, como parece?

-Decía Truman Capote que «Cuando Dios nos ofrece un don, al mismo tiempo nos entrega un látigo, y éste sólo tiene por finalidad la autoflagelación». Yo no sé si tengo un don, pero tengo una columna, y escribirla es lo que me hace más desgraciada y más feliz al mismo tiempo: desgraciada cuando no encuentro el adjetivo correcto o no sé expresar adecuadamente una idea; feliz cuando doy con la tecla. Esa aparente comodidad ante el folio en blanco de la que hablas, esa supuesta frescura, me cuesta sangre, sudor y medio paquete de tabaco la mayoría de las veces. Lo mío es una suerte de masoquismo, porque disfruto muchísimo escribiendo mientras lo paso fatal. Capote llevaba razón, sin duda.

Escribir sobre lo más cotidiano

-Muchas veces en tus artículos hablas de tu cotidianidad, de los detalles de tu vida diaria, de tu familia, incluso también de tu pasado, y a partir de esto desarrollas el tema de actualidad del que quieres hablar. Me parece muy acertado porque logras mucha cercanía con el lector, le hablas de tú a tú, le haces ver que eres una persona tan normal como él, y esto me recuerda, por ejemplo, a la articulista británica Caitlin Moran. ¿Crees que esta manera de escribir es la más conveniente para que los lectores te sigan?

-Gracias por la comparación con Caitlin Moran pero, como yo no tengo una vida tan emocionante como la suya, solo puedo escribir sobre lo que conozco, sobre lo que tengo alrededor: la familia, los libros, las películas, los amigos, los bares, las conversaciones cogidas al aire en un autobús. Y el lector, que generalmente tiene una vida tan poco apasionante como la mía, acaba identificándose con lo que cuento porque él también está harto de tener que aguantar los bufidos de su hijo adolescente o de recibir wasaps a las once de la noche. Supongo que es esa complicidad lo que buscan en mis columnas, porque saben que no les voy a echar la bronca, ni a pontificar, ni nada por el estilo.

 

 La concentración de una articulista

 

-César González Ruano le dijo una vez a Jaime Campmany que la fórmula mágica de todo escritor de periódicos debía ser la siguiente: A firmar y a cobrar». Parece una afirmación poco romántica del oficio. ¿Para ti ser columnista es solo una manera de ganarse la vida? ¿Qué es para ti escribir?

-Escribir es un oficio. Un columnista es un alfarero: al principio, intentas hacer un botijo y te sale un churro pero, con la práctica, vas cogiéndole el tranquillo. A escribir se aprende leyendo a los mejores e intentando escribir como ellos, hasta que das con tu propio estilo y consigues que, de vez en cuando, el botijo parezca de cerámica de Sargadelos. Y sí, es una manera de ganarse la vida, pero para mí es la mejor manera de ganársela porque escribir es lo segundo que más me gusta del mundo. Lo primero es irme de cañas.

-La pesadilla –o una de las pesadillas– de todo columnista es no saber de qué hablar en el próximo artículo. Saber que debes entregarlo y que las ideas no aparezcan. Eso parece imposible con la realidad que nos rodea a diario y con los momentos que estamos viviendo, pero, ¿ha habido alguna vez que te has tirado de los pelos por este asunto? 

He aprendido que cuando llega la tormenta, hay que apretar los puños, cerrar los ojos, y esperar a que pase

-La mayoría de las veces, pero sabes que, al final, va a salir algo porque tienes la hora de entrega soplándote en la nuca; ahí está el oficio del que te hablaba antes. Personalmente, como soy de natural perezosa, necesito tener la espada de Damocles encima de mi cabeza para trabajar, y tener tanto limitaciones de espacio como de tiempo. Si no, me pasaría la mañana en el sofá leyendo y las tardes viendo Sálvame.

-En tus artículos parece que, a pesar de todo, disfrutas con tu vida y con la vida. ¿Qué quisieras mejorar de ti para que pudieras disfrutar aún más?

-Pues no soy precisamente disfrutona, la verdad. Me amargo la vida sin necesidad y me cuestiono constantemente. Pero, con los años, estoy aprendiendo a disfrutar de muchas cosas de las que antes no disfrutaba. También he aprendido que, cuando llega la tormenta, hay que apretar los puños, cerrar los ojos y esperar a que pase. Y, mientras espero, miro a mi alrededor y me doy cuenta de lo afortunada que soy al tener la familia y el trabajo que tengo. Entonces, me abro una cerveza, preparo un arroz con lo primero que pillo en el frigorífico y salvo el día.

-Te quiero hacer una pregunta que me han hecho alguna vez y que espero que, ahora que te tengo cerca, puedas ayudar a desvelar. ¿Cómo hace un columnista para tener en la cabeza tantas citas célebres que luego leemos en sus artículos?

-Algunas las tengo en la cabeza, pero la mayoría las tengo en los libros: según leo, voy doblando la esquina de la página donde he visto unas líneas que me interesan, que me pueden servir de arranque para una columna o que explican en dos frases algo que yo soy incapaz de expresar con tanta precisión. Y, si no, echo mano de Google, que ha venido para salvarnos. Por cierto, al respecto de las citas, acabo de leer el último libro de Enrique Vila-Matas, Esta bruma insensata, cuyo protagonista es un hokusai, un distribuidor de citas entre escritores.

-Tengo curiosidad por tu forma de trabajar: a qué hora, de qué manera, en silencio, con música, manías, escribes en bares y cafés...

-Siempre que puedo escribo en casa y en silencio. Me levanto temprano y me siento delante del ordenador con un café solo, cigarrillos y un vaso de agua. Pensaba que no era capaz de escribir en ningún otro sitio hasta que este verano tuve que viajar por toda España con motivo de los artículos de «Un país en mascarilla» y me encontré escribiendo en cualquier lado: en habitaciones de hotel, en bares, en recepciones, en el asiento de atrás del coche... donde podía. Y, como fumo mucho escribiendo y ya no se puede fumar en ningún sitio, me encerraba en el cuarto de baño para fumar mientras escribía. Ya ves: la única vez que he incumplido la ley ha sido por culpa de una columna. Este oficio me llevará a la cárcel, y no por lo que escribo, sino por cómo lo escribo.

La ética en el periodismo

-¿Cómo ves el futuro de la prensa y del articulista en un mundo que está cambiando tanto? 

-La labor del periodista es fundamental: en medio de todo este ruido, alguien tiene que darte las claves para poder entender lo que pasa. Lo malo es que, a veces, da la sensación de que esto es una lucha de clickbaits y de intereses, y eso no beneficia a nadie. Por eso no hay que perder de vista lo que decía García Márquez, aquello de que la ética no es una condición ocasional, sino que debe acompañar siempre al periodismo como el zumbido al moscardón. Pero, mientras haya una historia que contar, habrá periodismo, sobre todo periodismo local, que es el más cercano a los lectores. Y mientras haya lectores que disfruten leyendo una firma en una periódico, habrá columnismo. Además, al no estar necesariamente sujeto a la inmediatez de la información, la columna tiene un recorrido diferente: ahí está Camba, por ejemplo, cuyos artículos seguimos leyendo con devoción.

-¿Realmente crees que al articulista se le hace caso? ¿Tiene algún peso en la sociedad?

-Cada uno busca una cosa en el articulista: unos, que suscriba lo que ellos ya piensan; otros, el puro placer de leer la columna. Incluso hay lectores que leen para confrontar sus propias opiniones con las del columnista, y eso siempre es enriquecedor. Particularmente, lo que yo escribo no tiene ningún peso: me gustaría ser mucho más contundente, más sólida, y tener opiniones formadas sobre casi todo, pero no es así; al final, mis columnas solo son una mirada de desconcierto ante lo que nos rodea. Es curioso: tengo una columna de opinión y solo me creo capacitada para hablar con fuste sobre tres o cuatro cosas. Sobre el resto, creo que podría escribir una columna a favor o en contra con la misma facilidad.

¿Quién ha sido Rosa Palo, quién es y quién quiere ser?

-Rosa Palo nace en 2007, cuando empiezo a escribir un blog con ese nombre. Entonces, la gente que no me conocía encabezaba sus comentarios con un «Hola, Rosa», y yo no me molesté en deshacer el malentendido. Cuando empecé a publicar en La Verdad en el verano de 2011, quería que los lectores del blog se vinieran conmigo al periódico, por lo que seguí con Rosa Palo. Y hasta ahora. No fue un seudónimo buscado pero, al final, me he quedado con él. Es hasta divertido: mis compañeros de prensa siempre me dicen Rosa y, cuando se dan cuenta del error, rectifican y me llaman por mi nombre. Pero ya me he acostumbrado. Y supongo que Rosa quiere lo mismo que yo: seguir escribiendo más y mejor.

-Creo que tienes un gran potencial como autora de ficción. ¿Por qué no conocemos los lectores aún nada en este terreno?

-Porque para inventarte un mundo, unos personajes, unos hechos, tienes que tener tanta autoestima como Dios, y yo no la tengo. Me parece dificilísimo y muy cansado, por eso admiro tanto a los novelistas. Mi espacio natural es la columna por su inmediatez, por la rapidez y porque no permanece: lo que hoy es la última página del periódico, mañana sirve para envolver media docena de huevos. Que no persista en el tiempo me libera de mucha responsabilidad. Dicho esto, me encantaría ser capaz de escribir una novela. De hecho, en una de esas raras épocas de autoestima alta, comencé una. Pero no creo que pueda terminarla, a no ser que tenga una pistola en la cabeza. O, lo que es lo mismo, una editorial que me ponga una fecha de entrega y se comprometa a publicarla.

-Decía Max Aub que todo lo que escribimos –da igual el género– son palabras de un diario. Que todo es un diario personal. Si esto es verdad, ¿cuál es el mensaje principal que quieres que el lector escuche y que contiene el diario que vas escribiendo en los periódicos?

-¡Ninguno! Lo único que sé es que no quiero contribuir al ruido, ni a la polarización, ni a la división. Si el lector se lo pasa bien durante dos minutos, me doy con un canto en los dientes.

-Rosa Palo, tus textos resultan entrañables, denotan que están escritos por una buena persona. De esto estoy seguro que no me equivoco...

-Pues te equivocas, Jorge. Pero gracias por la confianza. Y por la entrevista.

 

Entrevista también disponible en el blog del escritor Jorge Alonso Curiel www.andaresdeescritor.blogspot.com

 

 


Sobre esta noticia

Autor:
Alonso Curiel (9 noticias)
Visitas:
51
Tipo:
Entrevista
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