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26/04/2019

La retribución salarial es vital para todas las personas. Incluso para las mujeres. ¿Las mujeres trabajan en este sector porque los salarios son más bajos? o ¿los salarios son más bajos porque el trabajo es desempeñado por mujeres?

Cuando pensamos en el cuidado y por ende en la acción de cuidar tendemos a pensar en personas que presentan algún tipo de discapacidad o en personas dependientes. Sin embargo, esto no es así. La necesidad de cuidado no es algo característico de determinados grupos poblacionales. Nos caracteriza a todos ya que representa nuestra vulnerabilidad. Los humanos somos personas interdependientes y todos requerimos de cuidados a lo largo de nuestra vida, de diferentes tipos y grados según el momento del ciclo vital. 

De la misma manera que la necesidad de cuidado ha generado cierta reticencia, la imagen del cuidador se ha estigmatizado. Esta, generalmente, está asociada a un determinado sexo, de unos determinados orígenes étnicos y con unas rentas asociadas. Por ejemplo, cuando pensamos en una mujer sudamericana, nos viene a la cabeza, de forma automática, una mujer dedicada a los cuidados y al hogar, que trabaja 12 horas diarias con un salario precario, y no damos cabida ni a otra profesión ni a otra situación. A las mujeres se nos ha atribuido la obligación de cuidar. 

Con el objetivo de proteger el amor y los cuidados a los demás, la economía los ha dejado fuera del sistema. De la misma manera, dentro del amor y los cuidados no hay cabida para el dinero. Tal vez, esto explica porqué las mujeres seguimos estando detrás de los hombres. 

Las personas veneramos el dinero, pero a la vez lo vemos como algo indecoroso. Tradicionalmente el cuidado de los demás se ha asociado a las mujeres. Desde la era victoriana, periodo en el que se inició el desarrollo del capitalismo, el hogar ha sido representado como ese maravilloso y cálido espacio en el que el pobre hombre cansado de trabajar llega y es atendido con amor, cariño, y pasión por su mujer. La función económica de la mujer ha sido dar sentido, a través del cuidado, al esfuerzo de su marido en el trabajo. 

Pero la historia no queda aquí. Cuando los cuidados se externalizaron a otros lugares, como los hospitales, cuidar de los demás no era una actividad retribuida sino que era una actividad que se llevaba a cabo por amor al prójimo y no por querer obtener un beneficio económico. La lógica que se aplica para entender la situación es que inicialmente la mayoría de enfermeras eran monjas y/o mujeres muy jóvenes que esperaban por el hombre triunfante que las desposara. Por lo tanto, no necesitaban obtener una remuneración por su trabajo. Obviamente, el razonamiento que se aplica a los hombres es totalmente opuesto: los hombres ofrecían trabajo importante para la sociedad y por lo tanto debía estar bien pagado. 

Entonces, extrapolando la historia a la actualidad, esto nos lleva a preguntarnos si las mujeres trabajan en este sector porque los salarios son más bajos o si los salarios son más bajos porque el trabajo es desempeñado por mujeres. No encontramos respuesta por mucho que lo intentemos. Sin embargo, sí que sabemos que la brecha salarial entre hombres y mujeres se da, en gran medida, porque las mujeres se dedican al cuidado de los demás. La labor de las profesionales de los cuidados está mal retribuida, en parte, debido al continuo amor-dinero. 

Las personas veneramos el dinero, pero a la vez lo vemos como algo indecoroso

A pesar de que los salarios de los profesionales que se dedican al cuidado de los demás sean más altos en Occidente que en otras partes del mundo, siguen sin ser altos. Esto hace que personas que sienten la vocación de dedicarse al cuidado de los demás, no lo hagan. Entonces parece que el dinero si importa, ¿no? 

Diversos estudios han estudiado la relación entre el deseo de hacer el bien y el dinero. La satisfacción, la lealtad e incluso la felicidad que aporta el puesto de trabajo, puede desaparecer si se añade el dinero como motivación. Sin embargo, los estudios también han demostrado que, si el dinero se aprecia como una recompensa por el trabajo bien hecho, nuestra motivación se ve reforzada. Por lo tanto, podríamos decir que si es así, el dinero si que nos hace más felices y nos motiva mas. 

Las personas queremos sentirnos apreciadas y valoradas en nuestro puesto de trabajo y el dinero es la vía más rápida para conseguir esta satisfacción. Pero, además, las personas necesitamos dinero. Incluso las mujeres. A nadie le gusta sentirse explotado, y que la motivación presente una relación con el dinero, no nos convierte en personas egoístas, ¿no?. 

Si analizamos la situación, el sistema económico siempre ha pretendido conservar el amor y para ello lo ha metido en un frasco y le ha pegado la etiqueta de “mujeres”. El sistema siempre ha intentado que el amor y los cuidados, no se mezcle con nada más. 

Pero, ¿saben qué? Si realmente el objetivo del sistema hubiera sido proteger el amor y los cuidados, no lo hubiera etiquetado y aislado para mantenerlo a salvo, sino que lo hubiera protegido con dinero y recursos. La economía de nuestro país debería organizarse en base a lo que es realmente importante, no sólo para las mujeres, sino para todas las personas. 

 

Referencias: 

- Carrasco Bengoa, C. (2011). La economía del cuidado: planteamiento actual y desafíos pendientes. Revista de economía crítica. Recuperado de: http://www.revistaeconomiacritica.org/sites/default/files/revistas/n11/REC11_9_intervenciones_CristinaCarrasco.pdf 

- Marçal, K. (2016). ¿Quién le hacia la cena a Adam Smith?: Una historia de las mujeres y la economía. Debate.

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