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Problemas filosóficos fundamentales en la educación venezolana

28/08/2018 08:10 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

La crisis actual de la educación, a nivel mundial, se define como fundamentalmente humana debido a la presencia de una cultura instrumentalista y deshumanizante,

La dimensión humana queda subordinada a los criterios de la productividad y eficiencia por la imposición de la razón tecnológica, la tecnificación de los saberes humanistas y el imperio de la eficacia y rentabilidad. El paradigma de la racionalidad instrumental conlleva la imposición de un modelo tecnocrático de educación que hace extensiva a las ciencias humanas, la metodología de las ciencias naturales con sus postulados de objetividad, neutralidad y la supremacía de la razón instrumental frente a la dimensión ética y lo valorativo.

La misión del docente en el contexto de una educación tecnocrática es reproducir y consolidar este tipo de educación en la escuela; formar en destrezas mediante técnicas de control que han de ejercerse sobre los educandos para su adiestramiento. Reproducir el proceso de fragmentación de las actividades, disciplinas y conocimientos. De acuerdo con los presupuestos teóricos de la racionalidad instrumental, en referencia a la educación y donde se concibe la enseñanza como aprendizaje mediante destrezas técnicas, el papel del docente se reduce a un técnico especializado en la aplicación de un conjunto de reglas para orientar la conducta de los alumnos y, de esta manera, permitir el proceso de aprendizaje; es decir, la sociedad actual solo necesitaría de la presencia de expertos y técnicos que dominen el arte de aplicar medios a fines y evaluar sus consecuencias.

Diferentes análisis críticos coinciden en la denuncia de esta tendencia deshumanizante de la educación que se va profundizando con los avances del neoliberalismo económico y con la consiguiente desvirtualización de la educación como proceso humano. En la actualidad encontramos nuevas propuestas teóricas y metodológicas frente al paradigma de la racionalidad instrumental, que emergen desde diferentes posiciones con una perspectiva interdisciplinaria bajo una visión humanista y cualitativa de lo educativo que ponen de manifiesto la urgencia de entender lo social desde lo humano.2

Desde esta perspectiva, se pone en evidencia la necesidad de redimensionar la formación del docente como condición hacia el logro de una educación más humana, participativa, crítica y reflexiva. Se trata de la construcción de una perspectiva teórica que proporcione la base para un punto de vista alternativo sobre la formación y la práctica educativa de los docentes en el contexto de una educación que tiene el reto de formar ciudadanos críticos y reflexivos y que participen activamente en la sociedad. En este escenario, se considera prioritaria la formación docente, enfatizándose la importancia de la innovación y de una práctica reflexiva en su formación. De allí que se presentan interesantes perspectivas, a partir de la crítica de Habermas al positivismo y a su concepto de razón instrumental, solicitando la puesta en práctica de otros códigos de significación que restituyan la reflexión y la acción en el campo de la educación.

Los planteamientos indicados son particularmente pertinentes en Venezuela, donde la educación no escapa a la crisis que caracteriza al momento histórico presente como consecuencia de la llamada crisis de la Modernidad, bajo el predominio de la racionalidad instrumental como fuente de comprensión de lo social y humano y, por lo tanto, de lo educativo. Es importante destacar que se están llevando a cabo en Venezuela interesantes trabajos que comienzan a poner en evidencia la necesidad de la formación filosófica de nuestros docentes; sin embargo podrían ser consideradas como tímidas aproximaciones en el sentido de que no declaran abiertamente que sean propuestas de “formación filosófica”. En este sentido, encontramos interesantes y pertinentes trabajos que nos hablan de la urgente necesidad de la formación ética de nuestros docentes, de la formación en valores, de fortalecer su capacidad de crítica o la reflexiva, la habilidad de formar juicios, concatenar ideas, razonar sobre ellas, formar argumentos racionales.

Tradicionalmente en Venezuela, el estudio de la Filosofía se ha asignado al currículo universitario y a unos mínimos contenidos en los últimos años de la educación Secundaria, generalmente confundidos con los psicológicos. La filosofía en la formación de los profesores, el reflexionar filosófico se confunde con la Historia de la filosofía, de manera que la formación se ha centrado más en esa historia, que en un llamado a la reflexión filosófica más pertinente con los problemas de la actualidad. Ello ha contribuido a la imagen de la filosofía como una actividad propia de especialistas y académicos, inalcanzable para la mayoría, alejada de la realidad y con una significación imprecisa, más bien de inutilidad y falta de compromiso social. A esta situación se une la Resolución 12 de 1983 sobre las políticas de formación docente, tendiente a reducir los estudios humanísticos en la perspectiva tecnológica de la educación y la preponderancia de las profesiones prácticas.

Reproducimos el siguiente texto de Eduardo Vásquez donde aparecen algunas reflexiones acerca de la inutilidad de la filosofía:

En las declaraciones a un importante periódico dice (el Dr. Sánchez Bueno) lo siguiente acerca de los estudios de filosofía: “A quién interesa, en estos momentos, la formación de filósofos, historiadores? ¿Para qué? Eso cuesta dinero, son carreras en las que se invierten muchos recursos”. Y más adelante añade: “Filosofía es una carrera para ricos. Aquí vienen jóvenes con formación en geografía a buscar trabajo, porque no encuentran en el mercado ubicación para lo que saben (El Nacional, 19-2-87).

Es en este contexto donde se ubica nuestra reflexión, bajo el supuesto de que en las propuestas actuales acerca de la educación humanizadora, frente al dominio del modelo instrumental tecnocrático, los nuevos retos de la educación y el papel que se le demanda al docente, es fundamental su formación filosófica. Es preciso resaltar la importancia de esta formación para una educación concebida como acción eminentemente reflexiva, ética y liberadora, una actividad cuya realización reclama la formación de diversas disposiciones y capacidades en los educadores y educandos como la capacidad de juicio, de análisis, de discusión crítica, la formación del sentido común, el pensamiento práctico reflexivo, la comprensión ética y la dimensión afectiva y sentimental.

Sin duda que pensar la educación como una experiencia reflexiva supone un replanteamiento profundo de la racionalidad pedagógica dominante y asumir que la educación no se agota en su mera realización técnica, sino que se trata de una experiencia que compromete a los docentes en las habilidades de la conversación y del juicio, del análisis y la crítica reflexiva, la deliberación y las decisiones educativas en contextos de incertidumbre. Desde esta perspectiva, la práctica del docente se considera como una actividad intelectual y no meramente técnica, como un proceso de acción y reflexión cooperativa.

2. Hacia una formación docente reflexiva y crítica: fundamentos filosóficos

Frente a la educación tecnocrática e instrumental, la perspectiva de una educación humanista es, sin duda, uno de los grandes retos de la educación en el presente a nivel mundial. La búsqueda de un humanismo cívico entendido como actitud que fomenta la responsabilidad en la orientación y desarrollo de la vida política, como el temple ético e intelectual de un pueblo, sólo es alcanzable sobre la base de una educación humanista. Se trata de crear las condiciones teóricas, epistemológicas y prácticas para una formación humana integral de individuos solidarios y comprometidos con su entorno social y para ello se cree necesario la creación de nuevos modelos no sólo cognitivos sino también de valoración que orienten las acciones y prácticas individuales y colectiva, dirigidas a una práctica esencialmente humana. Así pues, frente al discurso capitalista se trata de originar un discurso que reconozca la importancia de la sociedad civil, o si se quiere del humanismo cívico. El humanismo es la alternativa necesaria para contrarrestar la deshumanización y la desnaturalización que engendra el capitalismo.

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En este escenario, aparecen nuevos enfoques epistemológicos, dentro de los cuales destacamos el crítico de Habermas quien se enfrenta fuertemente al positivismo que significa “el final de la teoría del conocimiento”. Y que sin lugar a dudas orienta las posteriores corrientes de pensamiento preocupadas por el rescate de la reflexión y, en particular, las implicaciones y aplicaciones en los temas y problemas de la educación.7 Con la finalidad de analizar la conexión entre el conocimiento y los intereses humanos, se propone Habermas la reconstrucción de la prehistoria del positivismo moderno, que significa al mismo tiempo analizar la disolución de la epistemología a través de las etapas perdidas de la reflexión, que ha dejado en su lugar a la filosofía de la ciencia:

Volver a recorrer este camino desde un horizonte que apunta hacia su punto de partida puede ayudarnos a recuperar la perdida experiencia de la reflexión. Porque el positivismo es eso: el renegar de la reflexión.8

La disolución de la epistemología es el abandono de la reflexión crítica practicada por Kant, donde la filosofía desempeñaba todavía un papel soberano en relación con la ciencia y era la base a partir de la cual se llevaba a cabo la evaluación de las diversas formas de conocimiento. La perspectiva kantiana se ha reducido a una preocupación metodológica; es decir, la filosofía de la ciencia se ha convertido en metodología aplicada con una noción cientificista de la ciencia. Cientificismo es la creencia de la ciencia no como una forma de conocimiento posible, sino que identifica el conocimiento con la ciencia. De acuerdo con Habermas, recuperar “la etapas abandonadas de la reflexión”, someter a examen crítico la concepción positivista del conocimiento y de la ciencia, es absolutamente necesario para cualquier forma de praxis que trate de promover la emancipación humana. La teoría crítica se expresa como teoría de la emancipación y tiene como propósito el desarrollo de una ciencia y teoría que permitan emancipar la sociedad de la dominación del pensamiento positivista y para ello es fundamental el concepto de praxis crítica; la praxis como acción humana que tiene un carácter liberador y ético más que dominador y técnico.

A partir de estas observaciones de Habermas, se llevan a cabo planteamientos epistemológicos que consideran la naturaleza y el estatus del conocimiento profesional generado en la escuela, en la búsqueda de categorías epistemológicas que permitan reconstruir una teoría del conocimiento superadora del reduccionismo cientificista que antagoniza el conocimiento científico respecto al cotidiano, convirtiendo a aquél en una forma de ideología social y a éste en mera actividad rutinaria e instrumental. Siguiendo a Habermas, se considera que sólo desde una epistemología que reconozca la dialéctica que se establece entre los intereses llamados subjetivos y el conocimiento objetivo, podremos comenzar a dar cuenta de un conocimiento que emancipe el pensamiento rutinario dominante en la escuela, en la perspectiva de generar un pensamiento reflexivo y autónomo. La reflexión, por tanto, es la estrategia metodológica compleja a través de la cual tomamos conciencia de nuestras creencias e intereses individuales y colectivos y nos convertimos en constructores de nuestro conocimiento y práctica.9

A partir del intento de recuperación por parte de Habermas de la categoría de reflexión frente al olvido del positivismo, la teoría crítica de la educación propone nuevas visiones sobre el papel del docente en el aula, considerando posible la superación de la práctica rutinaria propia del aula tradicional y, de esta manera, reivindicar la dimensión reflexiva capaz de aglutinar formas de pensamiento racional e intuitivo que conforme un proceso constructivo único. Los profesores actuaran como prácticos reflexivos que pueden activar procesos de reflexión sobre la acción docente y abrir así la posibilidad de convertirse en: Investigadores en el aula.

En contraposición al modelo racionalista instrumental en el que se apoya el enfoque educativo tradicional, diversas corrientes pedagógicas confieren prioridad a la función docente, apuntando a redimensionar su papel y enfatizando la importancia de la innovación y de una práctica reflexiva en la formación del docente. De allí que interesantes perspectivas se presentan, a partir de la críticas a la razón instrumental, solicitando la puesta en práctica de otros códigos de significación que restituyan la reflexión y la acción en el campo de la educación.

De acuerdo con Giraux con frecuencia se reduce a los docentes a la categoría de técnicos superiores encargados de llevar a cabo dictámenes y objetivos decididos por expertos ajenos a las realidades cotidianas de la vida del aula. Por el contrario, propone una visión de los docentes como intelectuales transformativos, conceptualización que pone de manifiesto la capacidad humana de integrar pensamiento y práctica; se trata de contemplar a los profesores como profesionales reflexivos de la enseñanza, frente a su consideración en términos puramente instrumentales o técnicos. Si los profesores han de educar a los estudiantes para ser ciudadanos activos y críticos, deberían convertirse ellos mismos en intelectuales transformativos.

En este escenario, encontramos propuestas acerca de la educación con un fuerte componente filosófico y social, señalando que es preciso dilucidar la finalidad misma de la educación, apuntándose hacia la necesidad de la formación filosófica del docente. En las propuestas actuales acerca de la educación humanizadora, frente al dominio del modelo instrumental tecnocrático, se comienza a considerar la formación filosófica del docente en este contexto de la educación concebida como acción eminentemente reflexiva, ética y liberadora, una actividad cuya realización reclama la formación de diversas disposiciones y capacidades en los educadores y educandos como la capacidad de juicio, de análisis, de discusión crítica, la formación del sentido común, el pensamiento práctico reflexivo y la comprensión ética.

En este sentido, Tueros afirma que:

Es necesaria la elección filosófica en el educador, ya que no existe educación sin alternativa filosófica, entendida ésta en su sentido más amplio de afirmación de valores.

L


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