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Reconocer los nacionalismos populistas

17/09/2018 17:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

MAITE PAGAZAURTUNDÚA. EURODIPUTADA POR UPYD

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Es la crítica más dura que se le puede hacer a un Estado. Pasó el miércoles día 12 de septiembre cuando el Parlamento Europeo votó por primera vez en favor de la activación del artículo 7. Es el artículo que posibilita las sanciones más duras que los demás Estados pueden aplicar contra un Estado miembro, en este caso, Hungría.

El Parlamento ha pedido con esta resolución al Consejo que constate la existencia de un riesgo claro de violación por parte de Hungría de los valores en los que se fundamenta la Unión y que podría acarrear por primera vez la suspensión del voto de Hungría en el Consejo. Si tuviera que apostar, no creo que llegue a aplicarse, y tampoco creo que sirva para que diplomáticamente Hungría modifique el actual estado de cosas.

Orbán aplica un plan de manipulación colectiva desde hace más de una década y considera que sus votos avalan la arbitrariedad y la no neutralidad de la Administración, la supeditación de los poderes del Estado a su caudillismo, el retroceso sobre la libertad de conciencia y de culto y la manipulación feroz de la comunicación.

Los votos, sin embargo, no otorgan legitimidad para lo anterior. El Tratado de la Unión estableció el artículo 7 como salvaguarda para defender la democracia si, lamentablemente, se volvía a conocer una deriva antidemocrática y totalitaria en un país dentro de la Unión Europea. En las circunstancias actuales, de hecho, Hungría no habría podido entrar en la Unión y es una fuerza tractora que arrastra a otros gobernantes a imitarla.

Viktor Orbán dicta quién es un buen húngaro y quién es un traidor a su pueblo. Como ha establecido el patrón de lo correcto, consigue esconder el nepotismo y la corrupción, haciéndose la víctima. Y cuando se le acusa de malas prácticas y de abuso de poder se defiende diciendo que se está atacando al pueblo húngaro, a la soberanía húngara, a la identidad húngara.

Explotar el egoísmo y el pánico en el caso de la crisis migratoria se ha convertido en la excusa perfecta para una operación de manipulación eficaz. En estos tiempos de extensión del populismo nacionalista en Europa, el ejemplo de Hungría es el caso con más tirón de legitimación podrida o tóxica para anular el propio sistema democrático y para convertir en casi imposible la alternancia en el poder. Lo que pasa ya en la Rusia de Putin.

El método Orbán para conseguir que grandes masas lo identifiquen como su caudillo frente a los enemigos internos y externos tiene, además, un enorme poder de seducción sobre países vecinos como Polonia, que va siguiendo el mismo carril, y va atrayendo al gobierno checo y al surgimiento de partidos en distintos lugares de nuestro entorno.

Orbán manipula y espera a las elecciones europeas para seguir acumulando fuerzas. El pasado martes le aplaudían los diputados del Frente Nacional, la ultraderecha sueca, holandesa, griega y todos aquellos situados en el antieuropeísmo feroz. Reconocer la reedición de los nacionalismos populistas en el siglo XXI resulta crucial para que no terminen con cada una de las libertades de que gozamos. Pásalo.


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