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Sociedad liquida ante pandemia y actitud del cono financiero con los pobres. ¿ Pablo Iglesias?en el Sur'

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25/07/2020 12:23 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Pablo Iglesias y Zapatero en silencio con relación a Venezuela y su operatividad en el asunto sanitario como Vicepresidente de España

Aventis

 

El cuerpo social, desde una visión organicista de la sociedad se encuentra pervertido y su cuerpo como estructura del Estado debe girar hacia una nueva realidad y los signos autoritarios se aplican con gran autenticidad. La crisis va más allá en Latinoamérica, es la focalización de las circunstancias y, quienes están en el deber de incrementar la salubridad y seguridad pública tras la búsqueda de beneficios de una manera individual.

El discurso político está retomando cognitivo que se elabora en categorías que pueden ser totalizadoras, me refiero al terror, peligro, odio, donde la percepción retrospectiva se constituye en una amenaza intensa y global donde la construcción verbal, tanto en su forma como en su contenido nos lleva a la inminencia de un peligro que es incontrolable.

Es el momento de hacer una pausa y manejar los símbolos de estas categorías sociales y sexuales, desde una base feminista y del hombre como tal, desde su heterosexualidad.  Es abordar el espacio que se origina en las relaciones entre las cogniciones individuales y lo socio- cultural. Para entender todo lo relativo a la pandemia del coronavirus. Entonces, la crisis simboliza en un sistema de interpretación la complejidad de interpretación dado a los conceptos sanitarios desde 1932 y gira a 2010 con las mismas fundamentaciones bacteriológicas para procesar de una manera más avanzada la información que tenían los laboratorios sobre los animales en experimentación, las cepas y moléculas en estudio, sin olvidar las opiniones neutrales de los sistemas financieros ante una realidad de control del poder y organización del discurso político e ideológico.

Nuestra sociedad es liquida y le tiene miedo a los mensajes.  Nos dan informaciones distorsionadas e irreflexivas que nos llevan a un punto de alarma social, pero, es una manera de irnos adecuando a la crisis y tener que vivir de una manera atemorizada y que cada uno con su actitud individual llega a una posición desalentadora. Esto, es lo que quiere el nuevo grupo que se mueve entre la izquierda y derecha, ganando puntos por la manipulación de las masas.

El miedo, por naturaleza, es irracional, nos bloquea, nace de una distorsionada información, de su carencia o de una alterada percepción que el individuo tiene de la realidad (coronavirus). Me viene a la mente el famoso libro “El miedo es el mensaje” de Enrique Gil Calvo (en el título juega y se hace eco del famoso principio de Mc Luhan: “El medio es el mensaje”). Gil Calvo sostiene en su libro (2003) que estamos asistiendo a un sensible incremento de la alarma social, que parece superar en Occidente los niveles hasta ahora habituales. A la inseguridad económica, terrorista…se añaden la alimentaria, ambiental o sanitaria, que cada vez genera más alarma social. En la misma línea, el Premio Príncipe de Asturias Zygmunt Bauman, en consonancia con su modelo de “sociedad líquida” habla de “miedo líquido” como aquel que caracteriza a la sociedad posmoderna, sin embargo, sostiene que saber que este mundo en el que vivimos es temible no significa que vivamos atemorizados: disponemos de suficientes recursos o estratagemas astutas para hacer frente a esas alertas. Para terminar: resulta de vital importancia cómo gestionamos esta crisis ante nosotros mismos y ante nuestros niños y niñas…Estamos inmersos en un cataclismo de la sociedad neoliberal, ya caduca.

Es tiempo de asambleas internas, nos deba servir para reflexionar sobre muchas cosas de manera obligatoria, justa y necesaria. Debemos empezar a tomar conciencia de lo que el mundo cofrade es en Venezuela, en cualquiera de los ámbitos a los que afecta. Y eso incluye derechos y obligaciones para todos los actores de dicha escena. Que somos nosotros. Vivimos en un estado de alarma social. De salud. Con un futuro incierto y una inmadurez colectiva -en la que me incluyo- ante la más mínima adversidad. Por eso ahora no se entiende bien nada de lo que pasa y se buscan clavos ardiendo a los que agarrarse.

Quedémonos con el aprendizaje de todo esto. Entendamos la necesidad de orar como método de contención de las adversidades para los cristianos y tengamos los suficientes arrestos para comportarnos como seres civilizados en situaciones extremas como la actual.

He escrito 12 artículos sobre esta pandemia sobre este virus, pero, la mayoría prefiere eludir el tema y seguir en la ignorancia, viene una hambruna estricta, poca comida porque el sistema financiero mundial debe reorientar sus códigos de funcionabilidad ante la total nulidad del dinero físico, todo será automatizado, los chinos han penetrado mucho los problemas y programas de control y regulación social. Y siempre estará la Esperanza. Ésa que nos tiene en vilo pero que se asoma a lo lejos. La que está calmando a muchos que confían en su encuentro para que todo se solucione.

Me quedo con animar a todos a que dejen de enviar basura por el teléfono móvil. Me quedo con la información justa, limpia y veraz. Me quedo con la desintoxicación de este círculo vicioso de caos alimentado por muchos para meter miedo sin importar sobre qué. Me quedo con la responsabilidad común para salir lo antes posible de esto. Me quedo con los empresarios de mi país que echan el cierre a sabiendas de la ruina por ayudar a los demás. Me quedo con los que trabajan para que comamos y nos curemos durante este periodo negro. Y me quedo con la del cielo verde. A comer vegetariano.

La vacuna nunca sera gratis, su costo viene del Estado o de un ciudadano, su valor oscila entre 2- 5000 dolares y en Venezuela 15.0000 por corrupción

Quizá tenemos que obviar la lógica crítica hacia los que nos dirigen, dejar de lado las ganas de vomitar improperios que nos da cada vez que un representante público habla, haya sido votado o no por nuestra parte. Lo que tenemos que hacer es recordar la actuación de cada uno cuándo nos toque volver a ir a las urnas, pero la responsabilidad que tenemos individual y colectiva pasa por evitar en la medida de lo posible el contagio y si éste llegara, la propagación del mismo.

Es más necesario ver cómo ayudamos para no colapsar la sanidad pública, que es a la que recurrimos cuando ocurre algo grave, y no sólo estoy pensando en este caso totalmente inesperado y excepcional, sino también recordando enfermedades importantes que han podido ocurrir en mi familia u otras personas cercanas de mi entorno. Ya que no puedo acercarme a aventurar qué va a ocurrir ahora o más tarde y qué consecuencias vamos a tener que soportar, lo único que creo que podemos hacer es agradecer a todos los que siguen en la brecha, sean sanitarios que nos atienden en la enfermedad, transportistas que nos aseguran seguir contando con los suministros que necesitamos para vivir en las tiendas y supermercados, policías y militares que velan por nuestra seguridad o empleados de las empresas que siguen abiertas y que exponemos nuestra salud y la de nuestras familias por el mero hecho de seguir atendiendo al público. Que cada uno eche una mano en la medida de sus posibilidades, aportando desde el puesto de trabajo, ya que cuento con que los directivos de nuestras empresas pongan todo de su parte para cuidarnos tanto a empleados como a usuarios o clientes y que el resto del tiempo, cuando estemos en casa, disfrutemos de la familia, de una copa y su charla correspondiente con nuestra pareja y seamos conscientes de lo bonito que es un libro, una película o algún partido grabado que tengamos por ahí. Resumidas cuentas, ahora mismo, a resistir, porque tenemos que estar preparados, sobre todo porque cuándo acabe -que acabará, seguro-, el sobrevivir a esto nos va a poner más arriba que oyendo el clásico de Mónica Naranjo, nosotros tenemos que disfrutar de un premio muy grande, nuestra vida, nuestras amistades, tenemos tanto bueno a nuestro alrededor que seguro que vamos a valorarlo mucho más, por eso hay que ser duros y solidarios ahora, nos está esperando lo mejor de todo: volver a disfrutar de nuestra vida y de todas las ilusiones que tenemos pendientes. Nos lo merecemos.

El sistema financiero global, la psicología social y nuestra disposición voluntaria se encuentran en juego, no hay una alianza de criterios.

Una parte positiva de vivir el Apocalipsis sepultada entre libros es que disponemos a mano de títulos tan apropiados como Diario del año de la peste,  la aproximación de Daniel Defoe a la epidemia que asoló Londres en vísperas de su Gran Incendio. Sorprenden las similitudes. Por ejemplo, el dato insignificante con el que parece empezar todo: "Fallecidos en Long Acre: peste 2, parroquias infectadas, 1". Según cuenta Defoe, al principio de la crisis "no se registraban como muertos por peste" todos los que eran, y se emitían pases de salud no siempre correctos. Cuando la epidemia fue un mal oficial, en Whitechapel no se veía otra cosa que gente y "carros y carretas" huyendo ante el rumor de que iban a cerrar las ciudades: de hecho, "durante semanas, fue imposible" hacerse con un caballo. Y los londinenses que llegaban al campo no se topaban, desde luego, con calurosas bienvenidas. ¿Años 30, decíamos? Estamos en el XVII.

Pablo Iglesias y a su equipo en el Ejecutivo. Iglesias demostró ayer en su comparecencia que está presente en el Gobierno solo para satisfacer determinadas ambiciones de poder y de ideología, pero no de gobierno. Su estancamiento en discursos rancios de lucha de clases es tan patético como su ausencia de virtudes para ser vicepresidente de un país en guerra sanitaria contra una pandemia de extrema gravedad. La misma pandemia que él, su ministra Irene Montero y su partido banalizaron para no perder los fastos del 8-M, por los que, sin duda, habrá que pedir responsabilidades políticas, también al PSOE. La prioridad de Iglesias es otra. Cuando todo el país se está sumando a iniciativas positivas, que unen y animan, que nos cohesionan como nación, el desleal vicepresidente de Sánchez avala una cacerolada contra la Corona, bajo la excusa de la situación del Rey Juan Carlos.

¿Qué tiene que ver PIglesias con América Latina? Simplemente es uno de los asesores de los gobiernos progresistas del Cono Sur con Monedero, Montero, Rodríguez Zapatero

La pandemia es un camino largo. Es debate entre laboratorios y gobiernos, el fármaco, mientras, eleva sus precios.

Iglesias busca su cuarto de hora de gloria en la gestión de la crisis pandémica, pero la imagen que transmitió es que no pinta nada en la dirección política del estado de alarma. Las medidas sociales a las que se refiere ya estaban tomadas por el Gobierno central y muchas de ellas corresponden a gobiernos autonómicos. Pidió un poco de plasma y lo tuvo para repetir ese mensaje cansino de la izquierda caduca, que todo lo explica con los mismos argumentos, fallidos y totalitarios, de hace más de un siglo. Habría hecho mejor en guardar la cuarentena, que por segunda vez se ha saltado, por el positivo que dio su pareja, la ministra Irene Montero. No solo es políticamente inane, sino además un mal ejemplo para la ciudadanía y a Venezuela, donde tiene responsabilidades con Nicolás Maduro Moros. Otras voces, como la del inefable Pablo Echenique, solo confirman que los de Unidas Podemos simplemente están fuera de la realidad.

El problema de Sánchez no se acaba con su socio Iglesias, porque también tiene a la otra parte del Gobierno, la socialista, hecha trizas. No tiene mucho sentido que la coordinadora de los ministerios como vicepresidenta primera, Carmen Calvo, no forme parte del equipo responsable del estado de alarma. Es una postergación muy llamativa, con la que Sánchez va fisurando su Ejecutivo, a duras penas cosido por la generosidad de la oposición y la sociedad española, que ahora dan prioridad a la derrota del Covid-19. Una derrota que llegará, pero con unos costes aún por determinar, superiores, eso sí, a los que habría que haber hecho frente si el Gobierno hubiera actuado antes, como se sabía que había que actuar.

No es normal el ambiente actual de nuestra sociedad. Si hace unas décadas había una cultura que crecía de no-violencia, hoy la cultura que crece sin freno es la de la violencia. Basta con leer la prensa o escuchar la radio cualquier día para pensar quedarse en su casa y no salir. Además de las conductas delictivas violentas, que siempre han existido, nos encontramos cómo la violencia abarca muchos entornos cotidianos

* Escrito por Emiro Vera Suárez, Profesor en Ciencias Políticas. Orientador Escolar y Filósofo. Especialista en Semántica del Lenguaje jurídico. Escritor. Miembro activo de la Asociación de Escritores del Estado Carabobo. AESCA. Trabajo en los diarios Espectador, Tribuna Popular de Puerto Cabello, y La Calle como coordinador de cultura. ex columnista del Aragüeño, Diario Sur de Málaga, España. Articulista de Globedia- HipaVista.España.Aoporrea.org.

Nuestra sociedad es liquida y le tiene miedo a los mensajes. telématicos

 

 

 


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Emiro Vera Suárez (1579 noticias)
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